GUÍA · SEGURIDAD

Los OTT vienen marchando sobre la televisión tradicional

Pasos prácticos para proteger una red doméstica: firmware, WPA3, contraseñas, red de invitados, IoT, DNS y administración remota.

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Los servicios OTT, sigla en inglés de over the top, son aquellos que distribuyen contenidos audiovisuales directamente a través de internet, sin depender de la infraestructura de un cableoperador o de un canal de aire. Netflix es el ejemplo más conocido, pero la lista crece: plataformas de los propios estudios, servicios de los canales de televisión, propuestas de los operadores de telecomunicaciones y alternativas gratuitas sostenidas por publicidad. En América Latina, y en Argentina en particular, su avance ya no es una promesa sino una realidad que obliga a repensar el negocio de la televisión.

Qué cambia para el espectador

Para el usuario, la propuesta OTT es simple: ver lo que quiere, cuando quiere y en la pantalla que prefiera. El televisor inteligente, la computadora, la tableta y el teléfono se convierten en puertas de acceso a un catálogo a demanda. La grilla de programación pierde peso frente a la recomendación personalizada y la lógica del maratón de series reemplaza a la cita semanal con el episodio.

  • Suscripciones mensuales sin contratos largos.
  • Catálogos a demanda con series, películas y documentales.
  • Posibilidad de usar el servicio en varios dispositivos.
  • Producciones originales que se estrenan de forma global.

Qué cambia para la industria

Para los cableoperadores y los canales, la llegada de los OTT plantea un desafío de fondo. Durante décadas, la televisión paga se apoyó en paquetes de señales vendidos en conjunto. Los servicios por internet rompen ese esquema y compiten por el tiempo y el bolsillo del espectador. La reacción de la industria fue variada: algunos operadores lanzaron sus propias plataformas, otros incorporaron aplicaciones de terceros a sus decodificadores y muchos canales abrieron servicios propios para no quedar afuera.

Al mismo tiempo, el crecimiento del video por internet aumenta la demanda de ancho de banda. Las redes fijas y móviles deben transportar cada vez más tráfico audiovisual, lo que abre el debate sobre quién financia esa infraestructura: los proveedores de acceso, las plataformas de contenidos o, en última instancia, los usuarios.

El debate regulatorio

Los OTT también plantean preguntas para los reguladores. A diferencia de la televisión tradicional, muchas plataformas operan desde el exterior, con reglas distintas en materia de impuestos, cuotas de contenido local y protección del consumidor. En varios países de la región se discute si deben tributar igual que los servicios locales y si corresponde exigirles inversión en producción nacional. Son debates abiertos que definirán el equilibrio entre la innovación y la defensa de la industria audiovisual de cada país.

Convivencia más que reemplazo

Por ahora, el escenario más probable no es la desaparición de la televisión paga, sino una convivencia. Muchos hogares combinan un abono de cable con una o más suscripciones OTT, y el deporte en vivo y las noticias siguen siendo terrenos donde la televisión tradicional conserva ventajas. Pero la dirección es clara: los OTT vienen marchando, y cada paso que dan redefine quién produce, quién distribuye y quién paga por lo que vemos en la pantalla.